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Amir Thaleb

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Cuarenta Años No es Nada

por Agustina Llumá

fotos: Luis Ojeda

Amir Thaleb, figura pionera de la danza árabe argentina, cumple 40 años en octubre. Para celebrarlo el bailarín realizará una función extraordinaria el 15 de noviembre en el Teatro Avenida en la que reunirá a los artistas que más lo han marcado a lo largo de su carrera

 

Para los hombres, los cuarenta representan lo que los treinta para las mujeres. Es una etapa de balance en la que los recuerdos comienzan a discutir más seriamente con el futuro. Los sueños de la infancia y de la adolescencia, ya han sido templados por el paso de los años y por la (buena o mala) fortuna, lo que ha dado forma a una trayectoria personal y profesional que parece haberse tejido sola, de manera autónoma de la voluntad.

Por lo menos así lo siente Amir Thaleb, quien al mirar atrás se sorprende de haber hecho realidad muchos de aquellos sueños que de joven habitaban sólo en las biografías ajenas.

Estoy por cumplir 40 y tengo flashes de mi vida, inclusive cuando sueño. Recuerdo a un Amir nacido en Mar del Plata, yendo al colegio primario y secundario, caminando por las calles de la ciudad, ignorando todo lo que después iba a venir”, piensa en voz alta Thaleb durante la entrevista-balance con balletin dance.

Nada salió en los tiempos en que yo lo había proyectado. Muchas cosas me sorprendieron mucho antes, pero lo cierto es que todo lo que soñé se está dando”, se dice con sorpresa.

Los flashes surgen en la charla como parches de una tela. Thaleb viajaba a las clases de ballet de Héctor Lauzeau leyendo en el subte Un Instante en la Vida Ajena de Maurice Béjart. “Buscaba la punta del hilo de cómo se triunfa en la vida” continúa el bailarín. “Cuánta envidia sana me daba al leer la narración de sus viajes por distintos países. Yo deseaba algún día poder contar lo mismo”. Y en la actualidad Thaleb está seguro de haberlo logrado. Su pasaporte está repleto de sellos de Canadá, Estados Unidos, España (y próximamente contará uno con la tinta azul de Alemania) todos países a los que ha viajado para dar cursos y montar coreografías.

Los argentinos arrastramos un complejo, que seguramente nos ha metido el sistema, de que por ser sudamericanos estamos lejos del mundo, que todo nos queda a años luz, que todo es caro. Cuando yo leía aquellas biografías y las contrastaba con las posibilidades que me ofrecía mi país, creía que era imposible llevar ese tipo de vida”, asegura.

El tiempo y el tezón terminaron jugando a favor del joven marplatense orgulloso de no haber transigido en sus elecciones éticas. Y por cierto que el mérito es mucho si se piensa en la improbable carrera de un argentino jugado a las danzas orientales. “Hacer danza árabe, vivir en Argentina y empezar a ocupar un espacio tan importante en el mundo, siendo que Egipto está mucho más cerca de América del Norte y de Europa, es algo increíble”, sostiene desde un ego bien cimentado.

Para agendar
Noviembre 15:
Teatro Avenida, festejo de los 40 años.
San Pablo, Brasil.

Diciembre:
Funciones en Madrid, España.

2004
Enero: Marruecos, y Genova, Italia.
Febrero: Buenos Aires.
Marzo: Estados Unidos.
Mayo y junio: Estados Unidos (Texas, Boston, Miami, Museo de Arte de los Angeles), Canadá (Toronto, Montreal, Québec y Vancouver) y Alemania (Frankfurt).

 

Danza árabe marplatense

Muchas veces en mi vida me pregunté ¿y por qué árabe, por qué no se me ocurrió bailar otra cosa?. A nivel internacional, si alguien quería contratar a un bailarín de danza árabe buscarían -precisamente- a un árabe, no a mí. Hoy tengo una invitación del gobierno de Marruecos para trabajar con la Compañía Nacional de Danza en enero de 2004. Además he recibido el reconocimiento de los grandes maestros egipcios, los que para nosotros son como la escuela rusa en el ballet.

¿Qué es lo que interesa de tu trabajo en el extranjero?

Mi técnica: la danza árabe del big stage. El vuelo que le doy a la bailarina, como una prima ballerina, el aprovechamiento de los grandes espacios como en el ballet... una actitud que va más allá de los pasos. Pues la danza árabe todavía funciona desde un lugar individualista y yo estimulo la idea de la danza árabe grupal. Estoy educando a la gente para eso.

¿Hay puntos de contacto entre el ballet clásico y tu estilo?

Precisamente la pensé para las bailarinas que, habiendo pasado por la escuela rígida clásica, un poco por el jazz y el contemporáneo, llegan a la danza árabe, y no saben dónde meter el resto de sus conocimientos. Yo fusioné todo eso. En Canadá, por ejemplo, la mayoría de la gente que estudia danzas árabes provienen del clásico y contemporáneo, con cuerpos muy muy diferentes. Mi técnica puede unir todos esos eslabones.

¿Y el rol de los hombres?

Para el hombre la danza árabe era totalmente folklórica. Los bailarines improvisados comenzaron a imitar a las odaliscas, autolimitando su campo de acción. Al público le gusta el hombre como hombre, no como mujer. Yo busqué un punto intermedio: no folklórico -aunque respetando las raíces- pero con la soltura que se permite la mujer, desde el vestuario, la actitud y los movimientos. Siempre respetando la energía natural del hombre. Defiendo que el hombre es muy sensual, muy erótico y armonioso, sin necesidad de imitar a la mujer.

¿Quiénes asisten a tus cursos en el exterior?

En España el año pasado, vinieron muchos bailarines del Ballet Nacional y muchísimos bailaores flamencos. Mucha gente del jazz y del clásico, que está buscando una expresión más libre. La danza árabe es cincuenta por ciento de técnica y cincuenta por ciento de expresión y medios teatrales.

 

Amir Thaleb supo despertar en la audiencia argentina un deseo de acercarse a la danza árabe a través de su escuela (la Arabian Dance School) y de su compañía de baile (Arabian Dance Company). Sus conocimientos han sido editados en un libro y cantidad de videos didácticos. Pero el hito del éxito de esta corriente estética ha sido la organización de un “Congreso de Danza Arabe” en Buenos Aires, dictado por él mismo en compañía de maestros de renombre internacional.
De un puñado de asistentes, este encuentro trepó exponencialmente a centenares de cursantes, lo cual obligó a poner a punto su capacidad organizativa. “Y gracias a Dios logré que el mundo girara y mirara a la Argentina. Tengo listas interminables de artistas de todo el mundo que me envían material para que los contrate. Antes para un bailarín de danza árabe la Meca era Egipto, Europa y Estados Unidos. Hoy la Meca es venir a la Argentina”, asegura.

Polémico por la Danza
Hoy se está haciendo más por la danza en la Argentina. Hay más shows que contratan bailarines, comedias musicales, televisión, espectáculos de tango. Me parece bárbaro, pero hace falta más. Hace falta movilizar esa mole tan linda que tenemos en la 9 de julio [Teatro Colón] y tan inerte. Dejar atrás esa mentalidad de años, de coreógrafos que se van enojados porque no pueden luchar contra todo un sistema, es importante decir esto, porque todos pagamos esa mole, que está inerte, cero actividad, cero creatividad y -que me perdonen muchos colegas míos- con mucha gente que quedó obsoleta, esperando una jubilación. Aprendí a denunciar porque me cansé. Si uno estuviera ahí cuántas cosas haría, cuánto lugar le daría al bailarín que en realidad quiere bailar, más allá del sueldo y de la jubilación. Al artista hay que renovarlo, hay que incentivarlo porque, cuando se deprime, es algo muy atroz, el dolor es muy grande. Una mole de esas tiene que ser dirigida por un artista. No hay que quedarse más callado. Cultura para todos no es ir de joggin y zapatillas al Colón, porque el teatro de ópera es un ritual, para el que uno se viste de una forma especial. Cultura para todos es acercar la cultura a la gente, facilitársela, como hice yo con la danza árabe, la gente de danza árabe no puede pagarse un viaje a Egipto para estudiar con los grandes maestros, muy simple se los traigo yo. Eso es cultura para todos.

Cómo montar una compañía

En la Arabian Dance Company intenté conjugar las exigencias del show business que tiene que tener un espectáculo profesional, con la riqueza propia de Oriente Medio. O quizás debería decir, de la imagen que se tiene de aquella región (sacada de Las Mil y Una Noches). A aquello le agrego un vestuario a la altura, lo cual me impone un gran presupuesto de producción. Fueron años de búsqueda y hoy creo haber encontrado el estilo que define a la compañía.

Influencias

Para los espectáculos me he inspirado entre otros en Mahmud Reda. De todas formas, uno no puede llevar la danza árabe a la seriedad del ballet porque perdería su esencia. Estos son bailes de divertimento, baile social, baile de alegría. Pero tampoco lo podés dejar en ese estado salvaje, de la improvisación libre.

¿Qué te motivó a escribir un libro?

Es que no había libros de danza árabe. Para una Feria del Libro me pidieron que recopile y organice material para editarlo. Estaba en México en gira cuando agarré un cuaderno y estuve dos horas mirándolo sin que pudiese escribir nada. Pero al día siguiente comencé a escribir, fue como si se hubiese abierto una puerta. Cuando leía lo que había escrito no podía creerlo pensaba ‘este no soy yo, estoy poseído’. La respuesta que tuve por parte de la gente fue muy fuerte, son cosas que no paso por alto. Ya hubo tres ediciones en español y se sigue vendiendo muchísimo en la Argentina, Puerto Rico, Estados Unidos e incluso circula una cantidad limitada de ejemplares en Cuba.

Cuerpos a lo Amir

Con el paso de los años ha habido cambios en la actitud corporal de mis alumnos, que a la vez van transformando sus cuerpos, adelgazándolos. Es algo que no es sólo necesario para el escenario, es una filosofía de vida. Hasta en Egipto en la actualidad han occidentalizado totalmente la estética corporal para la escena. Yo amo a mis gorditas, pero el público no las acepta en el escenario. Fuera de la escena les enseño a amar su cuerpo, a amar su gordura y a que rescate la belleza de su gordura. Estoy haciendo un trabajo maravilloso con mis divinas gorditas a las que adoro.

Festejo en noviembre

Mi idea es compartir el escenario con aquellos artistas que han tenido que ver en mi carrera. Bailé años para la comunidad griega, entonces estará un músico griego. Habrá también músicos árabes con quienes compartimos grandes oportunidades. Por supuesto estará mi compañía de ballet, y las bailarinas Saiat y Maiada a quienes hice y después ellas volaron y encontraron su propio estilo. El único que va a faltar es mi papá, que fue mi primer productor, el primero que me puso un par de botas a los tres años y me sacó a bailar en un teatro.

¿Pensaste en radicarte en el exterior?

Hace mucho tiempo sí. Estaba cansado de la misma politiquería de siempre. Como tengo la suerte de disponer visas de trabajo en varios países era cuestión de elegir donde y punto. Pero ya se me fueron esas ganas: voy a Ezeiza pero vuelvo. Me encanta el ritmo Canadá-Jujuy, Madrid-Tucumán.

 

© octubre 2003

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