Edición de este mes      Suscripción      Números anteriores

Direcciones Utiles      Foros      Buscar en Balletin

Fiebre

 

Entrevista a Leon Alderton

Entrevista a Elizabeth de Chapeaurouge

La Fiebre de los Setentas

por Agustina Llumá

Darío Petruzio vio la película Fiebre de Sábado por la Noche en forma clandestina, cuando aún estaba calificada como “prohibida para menores de 14 años” porque había en ella palabrotas. Jamás se imaginó que en 2001 él iba a ser el protagonista del musical que disparó un cambio de costumbres sociales y proyectó a las galaxias la carrera de John Travolta en los años ‘70

Este mes sube a escena la versión argentina del film Fiebre de Sábado por la Noche en la que Petruzio encara el rol de Tony Manero, ese hijo de inmigrantes italianos de clase menos que media de Brooklyn, jungla proletaria vecina a la isla de Manhattan en Estados Unidos. 

Visto a la distancia, Fiebre de Sábado por la Noche es un film de clichés kichs protagonizado por una ignota -y olvidable- actriz y el joven carismático John Travolta que intentaba una serie de coreografías que se apoyaban completamente en su sex appeal.

La historia hiperbanal tenía un poco de los conflictos psicológicos y sexuales que fascinan a los niños norteamericanos y algunos componentes “existenciales” en el personaje de un hermano cura, el orgullo de la familia, angustiado por su progresiva pérdida de la fe. Problemas familiares, riñas de patotas, un suicidio y mucho resentimiento social, eran el resto de los componentes del cóctel argumental original.

Pero el verdadero fenómeno que disparó en los setentas, marcó el punto de inflexión en un mundo que salía de las más febriles convulsiones sociales (las luchas por los derechos civiles en Estados Unidos, las luchas por la recuperación de la democracia y el anticolonialismo en el Tercer Mundo) que venían siendo motorizados por la juventud.

Algo se quebró en los ‘70. Algo que coincidió con la fiebre de la música disco y de las “discotecas”. Y el emblema de este nuevo mundo fue Fiebre.

La obra llega a la Argentina de la mano de Alejandro Romay y se presenta en el teatro El Nacional, que desde su reinauguración el año pasado tras dos décadas y media de abandono, ha anotado un gran éxito de audiencia con Mi Bella Dama, sólo superado por Chicago, obra de récords con la que tendrá que competir a partir de este mes. La versión teatral del segundo film travolteano de los setentas, Grease, también subió a escena en Buenos Aires en febrero, y continúa presentándose en el Teatro Astral.

Fiebre... es una obra que se recuesta sobre el carisma de los protagonistas y la taquillera música de los Bee Gees, desempolvada en los noventas por una ola de revisionismo y de melancolía.

Ese es el desafío para Petruzio. “Camino por la calle como John Travolta. Aunque parezca que estoy loco de la cabeza, mantengo ese ritmo de su caminata porque me sirve”, dice el actor y bailarín para dar cuenta del nivel de involucramiento con su personaje al que ha llegado.

Petruzio acompañó de cerca el actual revival de la comedia musical en Buenos Aires, de la mano de Elizabeth de Chapeaurouge quien estuvo a cargo de la preselección de los bailarines que intervinieron en Mi Bella Dama obra en la que siguió trabajando como supervisor coreográfico.

“Estamos ensayando ocho horas diarias, sin contar mi entrenamiento vocal y físico en el gimnasio. Son casi diez horas por día”, dijo en diálogo con BALLETIN dance.

¿Qué desafío implica este personaje?

Resistencia física, exigencia vocal, actoral y de baile al máximo. Pero el reto mayor es actoral. Esa es mi área más débil, entonces es lo que más tuve que trabajar. Es la primera vez que hago un papel tan importante. Es un protagónico absoluto, casi no bajo del escenario. De las dos horas veinte que dura, yo estoy dos horas ahí. No paro.

¿Intentás imitar a John Travolta?

Hay una cuestión de identificación física porque me parece completamente atractivo lo que él hacía en el film. La forma en que caminaba ya delineaba su personaje. Aparte la gente en Brooklyn tiene una forma corporal de expresarse muy particular. Tony Manero es un personaje arrogante, canchero, muy actoral todo el tiempo, tiene un perfil físico sexual y sensual muy marcado. De Travolta lo que saqué fue esa típica caminata y el estilo que tiene cuando hace el baile solo en la disco. Pero lo que se va a ver en el escenario es mi personaje.

¿Cuál es el valor de esta obra que vuelve a tener vigencia 25 años después de estrenada?

Fiebre... habla de poder sobrevivir a toda la situación que nos rodea y de repente darte cuenta que podés, que tenés sueños, ambiciones, objetivos, que se cumplen, como en este caso a mí hacer Fiebre, es un paralelo, lo que le pasa al personaje es eso también.

Petruzio asistió a las funciones de Broadway y de Edimburgo, para tener una referencia externa donde los protagonistas le dieron algunos consejos técnicos para evitar lesiones. “La gente que vino a montar la obra me dió un marco de contención importante, no verla en el exterior no hubiera afectado mi trabajo”, señaló.

Según el bailarín el equipo de trabajo argentino es muy bueno y se complementa con los miembros de la producción enviados desde Inglaterra. “Es una organización acostumbrada a realizar megamusicales” dijo. Como fuere, la empresa de Romay decidió contratar un masajista que lo atiende dos veces por semana para minimizar al máximo el riesgo de lesiones. Pero por su cuenta además se somete a una estricta disciplina física: “buena alimentación, gimnasio para mantenerte fuerte y clases. Vocalmente me exige mucho, ya que estoy en 18 escenas y diez canciones, de las cuales cuatro son solos cantados y bailados. Es un esfuerzo importante, que me fortalece al mismo tiempo”.

La escenografía fue producida en Londres, para El Nacional. El diseño de iluminación es de un especialista que trabaja para las producciones de Disney. Y el vestuario va a dar que hablar porque lleva la firma de Fabián Luca, el sastre de los grandes musicales argentinos [vestuarista de Drácula, Tango Reviú, Las Mil y Una Noches, entre otros].

Las canciones más populares se interpretarán en el idioma original, inglés, aunque con las letras traducidas al español en el programa de mano. Sólo cinco serán interpretadas en español. “En inglés se mantiene realmente el estilo y la música de los Bee Gees que aparte está reforzada visualmente con el baile y la escenografía” asegura Petruzio.

 

Entrevista a Leon Alderton

Entrevista a Elizabeth de Chapeaurouge

 

© abril 2001

Comunicate con nosotros:
info@balletindance.com.ar

www.balletindance.com.ar


Balletin Dance, La Revista Argentina de Danza
Adolfo Alsina 943 ·  4º piso · Oficina 410 (C1088AAA) Buenos Aires · Argentina
Tel/Fax: (# 54 11) 4331-0400

Copyright © Balletin Dance